SMOKE ON THE WATER, FIRE IN THE SKY (O CASI)
Ese bendito humo. Estoy un poco muy indignado con el problema del humo que invadió la Ciudad de Buenos Aires por estos días. Más allá de los chistes de turno (a que vende humo se le escapó), es un tema serio. Desde hace un par de años, por un peligro potencial, un grupo de inadaptados cortó puentes internacionales y rutas. En el nombre de la ecología y los recursos naturales, violaron el derecho y cuanta garantía constitucional exista, luchando contra un enemigo potencial. Más allá de la validez (o no) de su reclamo, no es motivo de este post, las herramientas utilizadas terminaron tornando en ilegítimo su reclamo. Siempre tengamos en cuenta que el peligro era potencial. Desde hace un par de décadas hay cordones de basura instalada muy cerca de la Capital Federal; alrededor del cual habitan cientos de miles de personas. Nadie dijo nada. Esa bomba de tiempo, que no era un problema potencial sino uno del momento, dejó de afectar solo la salud de la gente que vive a su alrededor para pasar a afectar la salud de millones de personas lejos del lugar. El humo cubrió muchos kilómetros. No solo llegó a la Capital, cruzó el Río de la Plata llegando a Colonia del Sacramento en Uruguay. Hasta allí ya recorrió casi 200 kilómetros (alrededor de 60 u 80 desde el CEAMSE hasta la Capital, cerca del 100 hasta Colonia). Tras lo cual recorrió 250 kilómetros más llegando a Montevideo. Es decir, Argentina está contaminando Uruguay. Que determinación pueden tomar desde la vecina orilla frente a este acto ya consumado? No empiecen con el chiste fácil de guerra de porongos(?). Tampoco vi a ningún asambleísta de Galeguaychú protestanto por el CEAMSE. Ese grupo de personas que no deben tener trabajo ni familia, ya que tienen tiempo de mantener un corte ininterrumpido en un puente internacional, no protesta por la contaminación en el riachuelo, el cinturón ecológico, la contaminación del paraná alto o la contaminación visual que implica ver jugar a la pelota a reinaldo navia en RACING. Son casi tan repulsivos como los piqueteros de la abundancia.


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